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¿Así pretenden gobernar?

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La frase de Miguel Prieto no debería pasar desapercibida: “El que me vetaba podría ser mi vice”.

Durante una entrevista, el exintendente de Ciudad del Este relató que, en plena interna liberal, algunos dirigentes evitaban mostrarse públicamente con él. En ese contexto mencionó al electo presidente del PLRA, Alcides Riveros, quien aparentemente mantenía distancia porque referentes políticos le recomendaban no aparecer en fotos junto a Prieto.

La situación apunta al gobernador de Central, Ricardo Estigarribia, señalado como una de las figuras que habría impulsado ese veto político. Si esto es así, el episodio deja una pregunta incómoda para todo el sector opositor: si todavía no hay dupla, si nadie ganó aún una presidencia ni una vicepresidencia, y ya aparecen prohibiciones, vetos y controles sobre quién puede sacarse una foto con quién, ¿qué pasaría si llegaran a gobernar juntos?

La oposición suele hablar de unidad, renovación y amplitud. Pero este tipo de maniobras muestra otra cosa: viejas prácticas de rosca, cálculo personal y control político. Antes de construir un proyecto común, algunos ya estarían repartiendo autorizaciones, midiendo apariciones y marcando límites internos.

Prieto no quiso dar nombres. Dijo que no podía hacerlo porque esa misma persona que hoy lo vetaba podría terminar siendo su compañero de fórmula en una futura candidatura presidencial. Esa explicación, lejos de cerrar el tema, lo vuelve más grave.

Porque revela que detrás de los discursos públicos de cambio existen negociaciones, silencios y conveniencias que la ciudadanía no ve. Lo que hoy se presenta como rivalidad mañana puede aparecer como alianza. El que hoy prohíbe una foto mañana puede pedir acompañar una chapa.

El caso también desnuda la fragilidad opositora rumbo al 2028. Todavía no hay una figura claramente dominante, no existe una dupla definida y mucho menos un proyecto consolidado. Sin embargo, ya se observan disputas por espacios, vetos cruzados y señales de desconfianza entre sectores que, en teoría, deberían estar construyendo una alternativa.

Entonces la pregunta es inevitable: ¿así funciona toda la oposición?

Si antes de llegar al poder ya se manejan con prohibiciones, ¿qué garantías existen de que puedan gobernar con amplitud, madurez y respeto institucional? Si una simple foto genera vetos, ¿cómo resolverían las decisiones de Estado?

La frase de Prieto tiene valor político no porque revele un nombre, sino porque confirma que las conversaciones sobre acuerdos, fórmulas y alianzas para el 2028 ya comenzaron. Y también confirma algo más preocupante: la oposición sigue atrapada entre el discurso de unidad y las prácticas de siempre.

Antes de hablar de gobernar el país, deberían demostrar que pueden gobernar sus propias internas.

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