Lejos de cualquier intento de conciliación, el actual intendente de Asunción, Luis Bello, elevó el tono del enfrentamiento político con Óscar Rodríguez, a quien responsabiliza por el estado crítico de la Municipalidad. Sin embargo, su postura expone una contradicción difícil de ignorar: el propio Bello formó parte de esa administración como presidente de la Junta Municipal.
En un mensaje cargado de ataques personales, Bello acusó a Rodríguez de haber dejado “un desastre” en la ciudad, pero evitó profundizar en su propio rol dentro de ese mismo proceso. La crítica, lejos de consolidar una posición firme, deja abierta una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto es ajeno a la crisis que hoy denuncia?
El intendente fue más allá y lanzó frases de alto voltaje político y personal:
“Nenecho, ya es suficientemente difícil arreglar el desastre que dejaste en la ciudad como para tener que aguantar los delirios de tus largas madrugadas”.
También apuntó al desgaste de la figura de Rodríguez dentro de su propio espacio político:
“El solo hecho de que aparezcas en una foto genera tanto rechazo que casi rompe el acuerdo de la disidencia”.
En paralelo, buscó marcar alianzas, destacando su cercanía con Raúl Latorre, a quien calificó como “hermano, amigo y compadre”, en medio de un escenario de tensiones internas dentro del oficialismo.
Pero el cierre del mensaje terminó de escalar el conflicto:
“Amo a mi esposa y a mi familia y, por el bien de la tuya, ocupate de tus problemas judiciales y buscá ayuda profesional”.
Más allá del tono confrontativo, el episodio deja en evidencia una disputa que ya no se limita a la gestión municipal, sino que expone fracturas políticas profundas. Y en ese cruce, Bello intenta despegarse de una crisis que, en parte, también lo tiene como protagonista.
