Una jornada de trabajo terminó en tragedia en la comunidad indígena Bajada Guazú, situada en la zona de Colonia Alborada, departamento de Canindeyú. Un joven electricista perdió la vida de manera instantánea después de recibir una potente descarga mientras instalaba una línea eléctrica de forma particular.
La víctima fue identificada como Marcelo Ocampos Lugo, de 24 años, domiciliado en la ciudad de Guajayví, departamento de San Pedro. El accidente se produjo alrededor de las 07:30 de este domingo.
Marcelo se encontraba trabajando junto con su hermano, Líder Ocampos Lugo, de 29 años, en la colocación de una línea de baja tensión. En determinado momento, uno de los cables se rompió y entró en contacto con una línea de media tensión que se encontraba energizada.
El contacto provocó una descarga eléctrica que alcanzó directamente al joven, quien falleció en el lugar antes de poder recibir asistencia médica.
El padre de la víctima, Cándido Ocampos Estigarribia, fue quien alertó a la Policía y relató las circunstancias en las que ocurrió el fatal percance.
Agentes de la Subcomisaría N.º 4 de Colonia Alborada, encabezados por el suboficial mayor César Báez, acudieron hasta el sitio y constataron que Marcelo ya no presentaba signos de vida.
Según el informe policial reproducido por medios nacionales, los hermanos realizaban el trabajo de manera particular y no contaban con autorización ni acompañamiento técnico de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE).
La intervención sobre una red de media tensión representa un riesgo extremo, debido a que el contacto directo no es la única forma en que puede producirse una descarga. La manipulación de tendidos energizados requiere procedimientos especializados, corte efectivo del suministro, verificación técnica y equipos adecuados de protección.
El fallecimiento fue comunicado a la agente fiscal Sonia Benítez, quien dispuso las diligencias correspondientes para determinar con precisión cómo se produjo el contacto entre los cables y establecer las circunstancias en las que se realizaba la instalación.
La muerte de Marcelo Ocampos vuelve a exponer el enorme peligro de intervenir redes eléctricas sin autorización, supervisión ni garantías de que las líneas se encuentren completamente desenergizadas. Un error de segundos fue suficiente para transformar una jornada laboral en una tragedia familiar.
