Cada 15 de setiembre celebramos el Día de la Polca Paraguaya, un género que no solo se canta y baila, sino que late como un símbolo profundo de nuestra identidad nacional.
Para David Galeano, presidente del Ateneo de Lengua y Cultura Guaraní, la polca es mucho más que un ritmo: es una de las manifestaciones culturales más representativas del Paraguay, tanto en el país como en el exterior.
“Es un factor de cohesión. La gente se reúne, escucha polca y en ese gesto se refleja la solidaridad y la alegría que caracterizan al paraguayo”, afirma.
Cultura y soberanía:
La fecha no es casual: recuerda a dos figuras gigantes de la música paraguaya.
Emiliano Fernández, que transformó la polca en vehículo de protesta y patriotismo.
Luis Alberto del Paraná, que la llevó con brillo a escenarios internacionales.
Al igual que el Día del Guaraní, del Tereré o de la Chipa, esta conmemoración busca reafirmar la soberanía cultural del Paraguay.
El poder del guaraní en la música:
Gran parte de la fuerza de la polca radica en el guaraní, idioma que impregna sus versos.
“Un altísimo porcentaje de las polcas están escritas en guaraní, porque es la lengua del pueblo y del sentimiento. La polca transmite lo que somos”, subraya Galeano.
ADN musical del paraguayo:
El intérprete Óscar Fadlala coincide: “La polca está en nuestro ADN. Aunque para los extranjeros pueda ser complicada, para nosotros es natural. Nos reconocemos en su sonoridad”.
Recuerda su primera polca —Nelly, de Eladio Martínez— y las fiestas que siempre cerraban con Campamento Cerro León. Para él, el presente del género está marcado por un despertar juvenil, con intérpretes que redescubren la música tradicional y la mantienen viva.
