El análisis del Informe de Indicadores de Desempeño Municipal – Ejercicio Fiscal 2021 no solo exhibe números fríos. Leído en contexto, el documento revela decisiones administrativas tomadas fuera de tiempo, una cadena de mandos fragmentada y un patrón que termina siempre en el mismo lugar: escuelas sin infraestructura y recursos ejecutados sin impacto duradero.
El argumento sanitario que llegó tarde
En agosto de 2021, la Municipalidad de Lambaré solicitó cambiar el almuerzo escolar por kits alimentarios, escudándose en la pandemia.
Sin embargo, para ese momento, el ciclo lectivo avanzaba hacia la presencialidad, los protocolos ya estaban definidos y el esquema excepcional comenzaba a desmontarse a nivel nacional.
El informe no muestra que ese cambio haya derivado en mejores resultados educativos, ni en una reorientación de recursos hacia infraestructura, sino en la continuidad del gasto corriente bajo una justificación que ya no respondía al momento sanitario real.
La emergencia pasó, la excepcionalidad quedó
Lo que debía ser una medida transitoria terminó consolidándose como forma habitual de administración.
Mientras el almuerzo se pagaba —o se transformaba en kits—, las aulas proyectadas nunca salieron del papel y los armarios presupuestados no llegaron a ninguna escuela.
El informe es contundente:
- 30 aulas prometidas: 0 construidas
- 150 armarios previstos: 0 adquiridos
No hubo reprogramación visible ni redireccionamiento efectivo del dinero hacia inversiones permanentes.
Tres intendentes, una misma ausencia de resultados
El periodo municipal 2015-2021, en Lambaré estuvo atravesado por tres gestiones en menos de un año, un dato que suele usarse como excusa administrativa, pero que no aparece reflejado como causa técnica en el informe.
- Armando Gómez gobernó desde 2015 hasta su renuncia en marzo de 2020.
- Guido González administró la ciudad durante la fase más dura de la pandemia.
- Fernando Báez asumió en julio de 2021 y duró apenas cuatro meses.
En lugar de corregir el rumbo, cada gestión sostuvo la misma inercia, sin que ninguna logre activar las inversiones educativas pendientes.
El pedido de kits apenas asumido: una señal política
Uno de los datos más sensibles es que Fernando Báez, apenas asumido como intendente, solicitó formalmente el cambio del almuerzo escolar por kits, cuando el contexto sanitario ya estaba cambiando.
El informe no refleja que esa decisión haya sido acompañada por:
- un plan de transición,
- un cronograma de retorno al almuerzo escolar,
- ni un refuerzo de infraestructura para la vuelta a clases.
El resultado fue un esquema cómodo para la administración, pero poco exigente en términos de ejecución real.
Cero infraestructura no es un dato menor, es una decisión
No construir aulas ni adquirir equipamientos no es una omisión técnica. Es una decisión política que se sostiene en el tiempo.
Con Gs. 2.400 millones destinados a construcción y Gs. 135 millones para mobiliario escolar, el informe confirma que la educación edilicia fue postergada deliberadamente, aun cuando el dinero estaba disponible.
Las escuelas siguieron funcionando sin mejoras, mientras los recursos permanecían inmovilizados o subejecutados.
Auditoría externa y un final bajo sospecha
El paso de Fernando Báez por la intendencia terminó envuelto en una acusación grave:
una auditoría externa detectó el presunto desvío de más de Gs. 486 millones.
Este dato no aparece aislado del resto del informe. Por el contrario, obliga a revisar con lupa:
- los cambios de esquema,
- la falta de ejecución en obras,
- y la administración de recursos sensibles como el FONACIDE.
El patrón: gastar sin dejar huellas
El informe 2021 no describe una gestión fallida por falta de recursos, sino una gestión que eligió no dejar huellas físicas.
Se ejecutó dinero. Se firmaron contratos. Se pagaron servicios.
Pero no quedaron aulas, no quedó mobiliario, no quedó infraestructura.
