El sistema de salud vuelve a mostrar su lado más crítico en el interior del país. En el Instituto de Previsión Social (IPS) de Concepción, el servicio de tomografía permanece fuera de funcionamiento desde hace más de tres semanas, dejando sin acceso a estudios clave a cientos de asegurados.
Según reportes técnicos, la avería afecta al tubo del equipo, una pieza esencial para el funcionamiento del tomógrafo. El problema no es menor: se trata de uno de los componentes más costosos y determinantes para realizar diagnósticos precisos. Sin embargo, pese al tiempo transcurrido desde que se detectó la falla, no existe una fecha concreta para su reparación.
La consecuencia es directa. Alrededor de un centenar de pacientes por semana deben ser derivados al Hospital Regional de Concepción, dependiente del Ministerio de Salud. Esta medida, lejos de ser una solución, traslada el problema a otro sistema ya sobrecargado, profundizando la crisis en la atención pública.
Detrás de esta situación aparece un patrón repetido: falta de mantenimiento, respuestas tardías y ausencia de planificación. El resultado lo pagan los asegurados, quienes cumplen mensualmente con sus aportes pero, al momento de necesitar servicios básicos, se encuentran con puertas cerradas.
“Pagamos puntualmente y cuando más necesitamos, el IPS nos da la espalda”, reclaman pacientes afectados, obligados a peregrinar entre hospitales en busca de atención. La indignación crece en una zona donde las opciones sanitarias son limitadas y los traslados implican tiempo, costos y riesgos adicionales.
Mientras tanto, desde la previsional no hay señales claras de solución. La falta de respuestas concretas alimenta la percepción de abandono, en un contexto donde la salud pública sigue quedando relegada frente a otras prioridades.
El caso de Concepción no es aislado. Es un reflejo más de un sistema que reacciona tarde, que no previene y que, una vez más, deja a los pacientes en segundo plano. En materia de salud, la improvisación no solo cuesta dinero: cuesta diagnósticos, tratamientos y, muchas veces, vidas.
