El senador difundió en su historia de Instagram un flyer que promociona su candidatura para 2028 con el símbolo liberal. Su aspiración vuelve a poner bajo la lupa su salida del partido y posterior regreso, un recorrido que ya fue cuestionado por Celeste Amarilla.

Eduardo Nakayama proyecta su aspiración presidencial para 2028 bajo la bandera del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), la misma agrupación a la que anunció su renuncia en noviembre de 2023, después de haber llegado al Senado como candidato liberal.
En su historia de Instagram, el legislador publicó un material con su fotografía, el símbolo del PLRA y la inscripción “Nakayama Presidente, Paraguay 2028”. El flyer presenta como atributos la idoneidad, la honestidad, la militancia y la trayectoria política.
La publicación expresa su intención de competir por la Presidencia, aunque no equivale a una candidatura oficial definida por el partido. También vuelve a abrir una discusión sobre su relación con la organización que abandonó y a la que posteriormente regresó.
La renuncia y sus argumentos
El 28 de noviembre de 2023, Nakayama anunció públicamente su decisión de renunciar al PLRA. Justificó su salida acusando a la dirección partidaria y a gran parte de sus legisladores de haberse entregado al cartismo y dejado de representar los valores históricos del liberalismo.
En aquel momento, sostuvo que su salida de la agrupación no implicaba abandonar su identidad liberal y planteó trabajar con otros dirigentes para recuperar esos principios. Su ruptura, por tanto, fue presentada como una decisión política frente al rumbo que cuestionaba dentro del partido.
Ese antecedente cobra relevancia ahora que promociona una aspiración presidencial con el emblema del PLRA: corresponde explicar qué condiciones cambiaron desde aquella renuncia y por qué considera que el partido puede representar hoy el proyecto que busca encabezar.
Celeste Amarilla ya cuestionó su regreso
La reincorporación de Nakayama fue objeto de críticas dentro del propio liberalismo. El 3 de agosto de 2026, la senadora Celeste Amarilla cuestionó su salida y posterior retorno, y expresó preocupación por el compromiso que mantendría con el partido si llegara a representar al PLRA en una chapa presidencial.
“Llego al partido, luego me voy, luego vuelvo, como Nakayama”, manifestó Amarilla al contrastar ese recorrido con su propia permanencia en la agrupación.
El cuestionamiento expone una discusión que va más allá de las aspiraciones personales: qué responsabilidad tienen los dirigentes frente a la militancia y qué explicaciones deben ofrecer cuando rompen con una organización y luego vuelven para solicitar su respaldo electoral.
La unidad también exige coherencia
La construcción de una alternativa opositora para 2028 puede requerir acuerdos, acercamientos y la superación de diferencias. Sin embargo, apelar a la unidad no elimina la necesidad de explicar las decisiones anteriores.
En el caso de Nakayama, renunciar al PLRA por considerar que había abandonado sus principios y luego promover una candidatura con su símbolo plantea una pregunta política legítima: ¿qué cambió desde entonces?
Su salida del partido no demuestra, por sí sola, un cambio de ideología, ya que el senador reivindicó su identidad liberal al anunciarla. El punto que merece escrutinio es la coherencia entre aquella ruptura, su posterior regreso y el compromiso que ahora ofrece a los afiliados.
Ese examen debe alcanzar tanto a dirigentes oficialistas como opositores. La pretensión de representar una alternativa de gobierno también implica responder por las decisiones propias.
El flyer de Nakayama pone en primer plano su militancia y trayectoria. Esa trayectoria incluye su renuncia de 2023. Antes de obtener el respaldo liberal para una candidatura presidencial, tendrá que explicar cómo concilia ambos momentos y qué cambió en su relación con el PLRA.