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Riera niega persecución policial a entorno de Cartes

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El ministro del Interior, Enrique Riera, salió a despegarse de las sospechas y negó de forma tajante que esté utilizando a la Policía Nacional para perseguir al yerno del presidente de la ANR, Horacio Cartes. Lo hizo en medio de una nueva controversia política, marcada por cuestionamientos, especulaciones y una fuerte disputa por el relato de los hechos.

Riera intentó explicar que todo se originó a partir de una actividad institucional del Ministerio del Interior, en el marco de un programa de acercamiento del Estado a la ciudadanía, que —según dijo— se desarrolla desde hace años a pedido de gobiernos municipales. Afirmó que, mientras él se encontraba de viaje oficial en El Salvador, funcionarios participaron de una reunión en una propiedad ocupada desde hace más de una década, donde existen conflictos de larga data, antecedentes de violencia e incluso muertes.

En ese contexto, el ministro sostuvo que se intentó instalar mediáticamente la versión de una supuesta maniobra de persecución policial, justo después de sus recientes declaraciones políticas. También señaló que hubo una utilización interesada del episodio para generar “timponeo” y especulación, buscando vincularlo con sectores cercanos al cartismo.

Sin embargo, más allá de la explicación oficial, el episodio vuelve a exponer el nivel de desconfianza que existe dentro del propio oficialismo, donde cualquier operativo, intervención o presencia policial termina siendo leído en clave de interna política. Riera buscó mostrarse como ajeno a esa interpretación, pero sus palabras dejan en evidencia que la tensión alrededor del entorno de Cartes sigue escalando y que cada movimiento del poder es observado con lupa.

El ministro también remarcó su postura en defensa de la propiedad privada y trató de aclarar que no existió ninguna intención de favorecer ocupaciones ni de promover acciones irregulares. Aun así, la necesidad de salir a justificar públicamente lo ocurrido revela el peso político que tiene cualquier hecho que roce al círculo del titular de la ANR.

En vez de cerrar la polémica, la aclaración de Riera vuelve a poner sobre la mesa el clima de sospechas, pases de factura y fragilidad interna que atraviesa al oficialismo, donde ya no solo se disputan espacios de poder, sino también el control del relato.

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