En medio de crecientes rumores sobre la posible renuncia del intendente Óscar “Nenecho” Rodríguez, la Junta Municipal de Asunción parece más concentrada en repartirse cargos que en atender las múltiples necesidades de la ciudad. En un acuerdo relámpago y cuestionado, un grupo de concejales ya habría decidido que Jesús Lara, del movimiento Fuerza Republicana (ANR), sea el nuevo intendente, mientras que Humberto Blanco, del PLRA, asumiría como presidente de la Junta.
El pacto, según fuentes, contaría con el visto bueno del ex presidente Mario Abdo Benítez y del influyente pastor evangélico y exministro, ahora, Pre candidato a la presidencia del 2028, Arnoldo Wiens, consolidando así un bloque Fuerza Republicana–PLRA que, más que responder a intereses ciudadanos, responde a ambiciones internas.
Pero para que el plan funcione, debe concretarse la renuncia de “Nenecho”, quien habría sido tajante con sus allegados:
“En la puta vida voy a entregar en bandeja la intendencia a Fuerza Republicana”.
Una declaración cruda que refleja el nivel de tensión dentro del oficialismo y, sobre todo, el desprecio con el que algunos actores políticos se refieren a la institucionalidad.
En paralelo, el exdiputado Hugo Ramírez sigue firme en su intención de competir por la intendencia con el respaldo de Hugo Velázquez, culpando a Dany Centurión de dividir a la disidencia. Centurión, una figura ya desgastada en la arena municipal, vuelve a aparecer como el eterno candidato, incapaz de aglutinar consenso.
Otro actor en escena es Enrique Wagener, conocido desarrollador inmobiliario, quien se estaría postulando para la concejalía de Asunción.
Por si fuera poco, varios referentes como la diputada Vallejo, el concejal Álvaro Grau y el propio Wagener se disputan públicamente el “mérito” de haber impulsado la intervención municipal. En vez de asumir responsabilidades colectivas, cada uno intenta capitalizar políticamente una situación que debiera llamar al consenso y la transparencia.
En conclusión, mientras Asunción colapsa en infraestructura, inseguridad y servicios básicos, la Junta Municipal está atrapada en su propio juego de tronos. Pactos apurados, intereses cruzados y ambiciones personales se anteponen a la gestión pública, una vez más. La ciudadanía, ausente en las prioridades de sus representantes, observa atónita cómo se cocina a espaldas del pueblo el futuro inmediato de la capital.

