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Bello y su círculo: Asunción en caída libre

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La administración del intendente de Asunción, Luis Bello, navega sin rumbo en medio de una crisis que ya golpea de lleno a la ciudad. Sin experiencia política consolidada y sin haber construido liderazgo siquiera en la Junta Municipal, Bello enfrenta hoy un escenario que lo supera: basura acumulada, obras paralizadas, internas constantes y una gestión que no logra ordenar ni lo básico.

En lugar de abrir el juego, el intendente optó por rodearse de un reducido grupo de funcionarios de confianza, generando un esquema cerrado que concentra decisiones en pocos nombres. Entre ellos aparece el director de Catastro, Aarón Martínez, con antecedentes de denuncias en la propia plataforma de transparencia municipal, y Mateo Martínez, señalado como el único con acceso directo al jefe comunal.

A este escenario se suma una feroz disputa interna dentro del oficialismo. Por un lado, el sector vinculado al presidente de Diputados, Raúl Latorre; por otro, el grupo cercano al ministro secretario de la Presidencia, Turi Capello. La tensión escaló al punto de fractura, con acusaciones de “traición” hacia Bello por desplazar a figuras impulsadas por Latorre, como el exjefe de gabinete Máximo Medina.

Mientras tanto, en paralelo a la crisis administrativa, emergen nombres que comienzan a posicionarse dentro del mismo esquema de privilegios políticos. Carlos Morel, presidente de la Seccional 1, y el exconcejal Martín Arévalo —vinculado al entorno de Latorre— aparecen dentro de este entramado de influencia.

La lectura interna es clara: Bello intenta sostener un equipo propio con miras al 2028, en un contexto donde su futuro político inmediato es incierto. Sin embargo, esa disputa de poder tiene un costo directo: la ciudad.

Asunción hoy muestra signos de deterioro acelerado. La basura se acumula, las calles siguen destruidas, las obras no avanzan y la recaudación apenas alcanza para cubrir salarios. En medio de esta interna feroz, la gestión queda relegada.

El resultado es una capital atrapada en el desorden, donde la lucha política avanza mientras la ciudad retrocede. Y el próximo gobierno municipal —sea del oficialismo o la oposición— recibirá una administración igual o peor que la que dejó la intervención de Óscar Rodríguez.

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