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DOCENTE EN TRES LUGARES A LA VEZ, COBRANDO MAS DE 43 MILLONES DE GUARANIES, POR MES

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Documentos oficiales vuelven a dejar al descubierto una práctica que, pese a las reiteradas denuncias, continúa dentro del sistema educativo público: docentes que aparecen con cargos y horarios superpuestos en distintas instituciones, incluso en ciudades diferentes.

El caso involucra a Claudio Nil Barúa Acosta, actual vicedecano y docente de la Facultad Politécnica de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), quien también figura en las planillas del Ministerio de Educación y Ciencias como profesor guía del Colegio Nacional España, de San Lorenzo.

Una constancia de cargos correspondiente a junio de 2026 señala que Barúa Acosta posee una asignación mensual de G. 4.275.154 como profesor guía del Colegio Nacional España. Otra documentación lo ubica dentro de un centro de educación básica para personas jóvenes y adultas, bajo la categoría docente LD6.

Pero la acumulación de cargos no termina allí. Según los documentos analizados, el actual vicedecano de la Facultad Politécnica reúne varios rubros en el Ministerio de Educación, la Facultad Politécnica y la Facultad de Ingeniería de la UNA. Sumadas las diferentes asignaciones, sus ingresos provenientes del Estado superarían los G. 43 millones mensuales.

La cifra obliga a mirar más allá del monto. El verdadero cuestionamiento es si todas esas funciones pueden ser cumplidas de manera efectiva, especialmente cuando existen horarios que aparentemente coinciden.

Según los registros acercados, el docente aparece cumpliendo funciones en el Colegio Nacional España en franjas horarias en las que también tendría clases en la Facultad Politécnica. En otros días, además, figura con actividades académicas en la Facultad de Ingeniería de la UNA.

Es decir, sobre los papeles, una misma persona aparece vinculada laboralmente al MEC y a dos facultades de la Universidad Nacional de Asunción, con múltiples asignaciones y una remuneración global superior a los G. 43 millones.

En la Facultad de Ingeniería figura con varios cargos docentes vinculados a áreas como Mecatrónica, Programación, Electrónica y Computación. Los registros muestran remuneraciones financiadas con recursos del Tesoro. En el MEC, por su parte, aparece como profesor guía y con funciones relacionadas con redes, soporte a usuarios y mantenimiento de equipos informáticos.

La denuncia agrega otro elemento grave: la institución de alfabetización para adultos donde aparece registrado estaría cerrada. De confirmarse esta situación, las autoridades deberán explicar cómo se controla la asistencia, quién certifica el cumplimiento de las funciones y por qué una persona continúa figurando en las planillas de una institución que supuestamente ya no desarrolla actividades.

No se trata únicamente de cuánto gana un funcionario público ni de cuestionar la cantidad de cargos por sí sola. La cuestión central es determinar si existe una prestación real del servicio en cada institución y si resulta materialmente posible cumplir todas las funciones asignadas.

Este tipo de casos no es nuevo. Durante años se denunciaron docentes que figuran con horarios superpuestos, cargos simultáneos y funciones en diferentes instituciones o ciudades. Sin embargo, los mecanismos de control parecen seguir sin detectar estas situaciones.

¿Quién verifica las planillas? ¿Quién certifica la asistencia? ¿Las facultades de la UNA cruzan sus horarios entre sí y con los registros del MEC? ¿Cómo se autoriza la acumulación de rubros públicos sin comprobar previamente la compatibilidad horaria?

El caso exige una revisión inmediata por parte de la Universidad Nacional de Asunción, del Ministerio de Educación y Ciencias y de los organismos responsables de controlar la utilización del dinero público.

Los documentos no permiten afirmar por sí solos que existió un incumplimiento, pero sí exponen elementos que deben ser aclarados. Barúa Acosta y las instituciones involucradas deberán presentar los horarios oficiales, registros de asistencia y demás documentos que acrediten el cumplimiento efectivo de cada función.

Mientras esas respuestas no aparezcan, dos preguntas quedan instaladas: ¿cómo puede un docente cumplir funciones en varias instituciones durante los mismos horarios y cómo se justifican más de G. 43 millones mensuales en rubros públicos sin que los organismos de control adviertan las aparentes superposiciones?

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