En Carlos Antonio López, Itapúa, un capataz protagonizó una escena que parecía sacada de una película, pero con un final muy distinto al que esperaba.
Diego Osmar Verón Ramírez, de 31 años, llamó a la Policía asegurando que había sido atacado por cuatro encapuchados, quienes supuestamente lo maniataron y robaron seis vacas del establecimiento “Weiler”.
Cuando los agentes llegaron, lo encontraron tirado en el suelo, con sogas y algunos raspones. A primera vista parecía una víctima pero algo no encajaba.
Las ataduras estaban demasiado prolijas, como si se hubiera amarrado él mismo. Al ser interrogado, las contradicciones en su relato despertaron sospechas. Finalmente, terminó confesando: todo era un montaje.
Incluso había pagado a un amigo para que le propinara algunos golpes y montó la escena del “asalto”. Hasta alquiló un camión para simular la huida de los supuestos delincuentes.
El capataz admitió que estaba molesto con su salario y que, desde hacía tiempo, ya “hacía desaparecer” algunas cabezas de ganado.
La historia terminó mal para él: fue detenido por simulación de hecho punible, mientras la Policía logró recuperar parte de los animales.

