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La alianza en Asuncion, con «serios» problemas internos

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La alianza opositora que sostiene la candidatura de Soledad Núñez a la Intendencia de Asunción comienza a mostrar con mayor claridad sus diferencias internas. Lo que hacia afuera intenta proyectarse como una construcción de unidad enfrenta, puertas adentro, una convivencia cada vez más compleja entre sectores del tercer espacio, referentes liberales y grupos con intereses electorales propios.

Soledad Núñez intenta mantenerse al margen de las disputas entre sus aliados, pero termina recibiendo inevitablemente los daños colaterales de una alianza donde no todos parecen mirar hacia el mismo objetivo.

Las diferencias no son nuevas. Parte de la tensión se arrastra desde la definición de la candidatura opositora frente a Johanna Ortega. Núñez terminó imponiéndose en la medición acordada por ambos sectores, mientras Ortega aceptó públicamente el resultado. Sin embargo, en sectores cercanos a aquella competencia todavía sobreviven cuestionamientos y versiones de que determinados dirigentes liberales habrían jugado sus propias cartas durante el proceso.

Incluso, dentro del ambiente político de la alianza circuló la versión de que aspectos relacionados con el sistema de medición habrían sido conocidos antes de que comenzara el operativo. Hasta el momento, no existen elementos públicos suficientes para afirmar que aquella situación haya alterado el resultado, pero la sola permanencia de esas sospechas demuestra que la confianza interna nunca terminó de consolidarse.

Y ese puede ser hoy uno de los mayores problemas de Soledad Núñez: encabezar una alianza construida más por la necesidad electoral de enfrentar al Partido Colorado que por una verdadera identidad política común.

Núñez no pertenece orgánicamente a ninguno de los partidos tradicionales que integran el acuerdo. A su alrededor conviven sectores progresistas, movimientos independientes y un PLRA acostumbrado históricamente a administrar su propia estructura, sus candidaturas y sus espacios de poder.

Dentro de ese escenario aparece además Augusto Wagner, uno de los dirigentes liberales con mayor peso electoral propio en la capital. Wagner lleva décadas dentro de la Junta Municipal y volvió a encabezar la votación preferencial de uno de los principales sectores liberales en las internas de este año. Su figura, sin embargo, genera contradicciones dentro del discurso de renovación que pretende instalar la alianza: durante años acompañó varias rendiciones de cuentas de la administración municipal de Óscar “Nenecho” Rodríguez, según publicaciones periodísticas sobre su actuación en la Junta Municipal.

Ahí aparece la principal contradicción: ¿cómo vender un proyecto de cambio cuando dentro de la misma alianza sobreviven dirigentes que llevan décadas formando parte del sistema municipal que ahora se promete transformar?

A este rompecabezas se suma Miguel Prieto, que busca consolidar su liderazgo nacional y ampliar la presencia de Yo Creo dentro de la oposición. Prieto llega fortalecido políticamente por el crecimiento de su movimiento en Ciudad del Este y por sus aspiraciones presidenciales para 2028, pero su desembarco dentro del esquema opositor obliga también a negociar espacios con un PLRA que históricamente se consideró a sí mismo como el principal partido de oposición.

Así, Soledad Núñez termina en el centro de una coalición donde cada sector parece tener su propia agenda: los progresistas buscan consolidar el tercer espacio, los liberales pretenden conservar su estructura y sus bancas, Prieto intenta proyectar un liderazgo nacional y los históricos dirigentes municipales buscan mantener su influencia.

El problema para la candidata es que una elección no se gana solamente reuniendo siglas debajo de una misma fotografía.

La oposición puede repetir la palabra “unidad” todas las veces que quiera, pero mientras debajo de esa unidad continúen las disputas por espacios, candidaturas, liderazgos y cuotas de poder, el electorado puede terminar viendo exactamente aquello que durante años cuestionó: una alianza formada para ganar una elección, pero que todavía no demuestra estar preparada para gobernar junta.

Y mientras sus aliados discuten quién manda dentro de la oposición, la factura política la sigue pagando Soledad Núñez.

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