Desde anoche, el asegurado Mauro Montiel, 49 años, con 16 años de aporte como cotizante titular, está al borde de una tragedia evitable: su vida depende de un insumo vital que el Hospital IPS no tiene.
El requerimiento médico es urgente y concreto: generador de cardiodesfibrilador implantable bicameral, electrodos e introductor. No son “extras”, son equipos que definen si un paciente vive o muere.
Hace apenas una semana, Braulio, trabajador de un medio de prensa, murió por la misma causa: falta de insumos en el IPS. Hoy la historia se repite. Cambian los nombres, se repite el abandono.
El Instituto de Previsión Social no es caridad pública: es un seguro financiado con el sudor de los trabajadores. Cada descuento crea una obligación. Cuando no hay insumos, no es ineficiencia: es negligencia criminal.
Bajo el gobierno de Santiago Peña, el sistema colapsa: hospitales vacíos de insumos, pacientes obligados a comprar lo que ya pagaron y asegurados convertidos en víctimas del “no hay”.
Braulio murió. Hoy Mauro Montiel, 49 años, pelea por su vida esperando un equipo que el IPS no tiene.
¿Cuántos muertos más necesita el sistema para reaccionar?
Esto ya no es crisis: es una emergencia sanitaria con responsables políticos claros.

