El Partido Colorado cumple 139 años en una posición que muy pocas organizaciones políticas logran alcanzar: gobierna el país, domina amplios espacios del Congreso, controla gobernaciones, municipios y mantiene presencia decisiva en numerosas instituciones del Estado. Por eso, este aniversario no lo encuentra como espectador. Lo encuentra en el centro del poder. Y, pase lo que pase en este Gobierno, al final de la historia la responsabilidad política principal será del Partido Colorado.
La Asociación Nacional Republicana llega a sus 139 años en una situación que obliga a mirar mucho más allá de los festejos partidarios.
No es un partido que hoy pueda hablar desde afuera.
No está esperando una oportunidad para gobernar.
No puede decir que las decisiones importantes están en manos ajenas.
El Partido Colorado está en el Gobierno.
Tiene la Presidencia de la República con Santiago Peña, conduce el Poder Ejecutivo y cuenta con una presencia ampliamente dominante en el Congreso. También controla una cantidad importante de gobernaciones, intendencias y juntas municipales, además de mantener influencia política en numerosas instituciones públicas.
El coloradismo, en términos políticos, ocupa hoy prácticamente todos los espacios posibles de poder.
Y por eso este aniversario tiene un significado especial.
Porque durante los próximos años ya no habrá demasiado margen para buscar responsables afuera.
Si la economía mejora, el mérito será reclamado por el Gobierno colorado.
Si llegan inversiones, serán presentadas como logros del Gobierno colorado.
Si se construyen hospitales, rutas o escuelas, serán exhibidos como resultados de una administración colorada.
Pero la lógica debe funcionar también en sentido contrario.
Si faltan medicamentos, la responsabilidad política será del Gobierno colorado.
Si continúa deteriorándose la educación, la responsabilidad será del Gobierno colorado.
Si aparecen nuevos casos de corrupción, contratos cuestionados o privilegios dentro del Estado, la responsabilidad política también alcanzará al Partido Colorado.
Si la seguridad empeora, si las instituciones siguen debilitándose o si las reformas prometidas no llegan, será difícil explicar que la culpa pertenece a otros.
EL PARTIDO QUE CONTROLA EL PODER DEBE CARGAR TAMBIÉN CON SUS CONSECUENCIAS
Durante demasiado tiempo la política paraguaya funcionó con una lógica conveniente: apropiarse de los éxitos y distribuir las responsabilidades por los fracasos.
Ese argumento ya resulta mucho más difícil para la ANR.
Porque el partido no solamente tiene el Poder Ejecutivo.
Tiene una estructura parlamentaria capaz de aprobar leyes, presupuestos y proyectos centrales para el Gobierno.
Tiene gobernadores.
Tiene intendentes.
Tiene concejales.
Tiene autoridades partidarias distribuidas por todo el territorio.
Y posee además una capacidad de influencia institucional que ninguna otra organización política paraguaya puede igualar actualmente.
Por eso, cuando termine este periodo presidencial, el resultado tendrá nombre y apellido político.
Será el resultado de un Gobierno del Partido Colorado.
No del PLRA.
No de la oposición.
No de los movimientos independientes.
No de administraciones anteriores.
Podrán existir responsabilidades compartidas en determinados asuntos, como ocurre en cualquier democracia, pero la responsabilidad política principal de la conducción del país pertenece a quien gobierna.
Y hoy gobierna la ANR.
NO ES SOLAMENTE EL GOBIERNO DE SANTIAGO PEÑA
También sería un error intentar separar completamente la gestión de Santiago Peña de la responsabilidad partidaria.
Peña llegó al Palacio de López con la Lista 1.
Fue candidato del Partido Colorado.
Fue respaldado por Honor Colorado.
Su Gobierno está integrado, en gran medida, por dirigentes y figuras vinculadas a la ANR.
Las mayorías legislativas que sostienen sus principales decisiones provienen fundamentalmente del coloradismo.
Por eso, si el Gobierno termina bien, el Partido Colorado buscará capitalizarlo.
Y si termina mal, no podrá reducirlo simplemente a un fracaso personal de Santiago Peña.
Esa responsabilidad también pertenece al movimiento que lo impulsó, a la dirigencia que lo sostuvo y al partido que lo llevó al poder.
El coloradismo no puede convertirse en propietario de los éxitos y declararse solamente observador cuando aparecen los problemas.
“COPAR” EL ESTADO TAMBIÉN GENERA UNA DEUDA POLÍTICA
La ANR históricamente construyó su fortaleza ocupando espacios institucionales.
Después de décadas de predominio electoral, el partido logró desarrollar una presencia que atraviesa prácticamente todos los niveles del Estado.
Eso constituye una enorme ventaja política.
Pero también una enorme responsabilidad.
Cuando una sola fuerza política concentra semejante cantidad de poder, sus excusas se reducen.
No puede decir que no tiene mayoría.
No puede decir que no tiene estructura.
No puede decir que carece de gobernabilidad.
No puede decir que otro partido bloquea sistemáticamente sus decisiones.
Tiene Presidente.
Tiene ministros.
Tiene parlamentarios.
Tiene gobernadores.
Tiene intendentes.
Tiene estructura territorial.
Tiene recursos políticos.
Tiene tiempo.
La pregunta, por tanto, no es si el Partido Colorado tiene herramientas para gobernar.
Las tiene.
La pregunta es qué hará con ellas.
139 AÑOS DESPUÉS, EL BALANCE YA NO PUEDE SER SOLAMENTE HISTÓRICO
El Partido Colorado puede reivindicar toda su historia.
Puede recordar a Bernardino Caballero.
Puede exhibir sus elecciones ganadas.
Puede hablar de sus presidentes.
Puede mostrar sus millones de afiliados.
Puede defender su estructura nacional.
Pero este aniversario ocurre bajo una condición muy concreta:
la ANR gobierna Paraguay.
Eso convierte cada problema importante del país en un examen directo para el partido.
Salud.
Educación.
Seguridad.
Corrupción.
Empleo.
Infraestructura.
Institucionalidad.
Justicia.
Transparencia.
No son discusiones abstractas.
Son responsabilidades de Gobierno.
Y el Gobierno tiene color político.
AL FINAL DEL MANDATO, LA HISTORIA NO VA A DISTINGUIR ENTRE PEÑA, CARTES Y LA ANR
Actualmente existen tensiones internas dentro del oficialismo.
Algunos dirigentes marcan distancia de determinadas decisiones del Ejecutivo.
Otros intentan preservar la figura de Horacio Cartes de los costos políticos del Gobierno.
También comienzan a aparecer diferencias entre sectores de Honor Colorado.
Pero existe un límite para esa estrategia.
Santiago Peña no llegó solo al poder.
Cartes no es un actor externo.
Honor Colorado no es un movimiento opositor.
Y la ANR no está mirando desde la vereda.
Todos forman parte del mismo proyecto político que ganó las elecciones nacionales.
Por eso, cuando llegue 2028, el ciudadano probablemente no haga demasiadas distinciones internas.
No evaluará únicamente si determinado ministro funcionó.
Evaluará un modelo completo.
Y ese modelo estará identificado con el Partido Colorado.
Si el Gobierno fracasa, no será sencillo decir que fracasó únicamente Peña.
Si existen escándalos, no alcanzará con despegar a Cartes.
Si la gestión no responde a las expectativas, Honor Colorado tampoco podrá comportarse como si hubiese estado en la oposición.
Todos llegaron juntos al poder.
Y políticamente todos deberán rendir cuentas juntos.
EL PODER TOTAL TAMBIÉN IMPLICA RESPONSABILIDAD TOTAL
Esa probablemente sea una de las conclusiones principales de este aniversario.
Cuanto mayor es el poder, mayor es la responsabilidad.
Y pocas veces en la historia democrática reciente el Partido Colorado tuvo una presencia tan extensa en las estructuras políticas del país.
Por eso, este aniversario 139 no debería ser únicamente una celebración de supervivencia partidaria.
También debería ser una advertencia.
La ANR posee hoy prácticamente todas las herramientas políticas necesarias para ejecutar su proyecto.
Si funciona, podrá reclamar el resultado.
Pero si no funciona, tendrá cada vez menos lugares donde esconder la responsabilidad.
Porque este Gobierno no cayó del cielo.
Lo construyó el Partido Colorado.
Lo ganó el Partido Colorado.
Lo sostiene el Partido Colorado.
Y cuando termine, será también el Partido Colorado el que deberá responder por lo que dejó.
Después de 139 años, gobernando nuevamente el Paraguay y ocupando los principales espacios de poder, la ANR enfrenta quizá la prueba más sencilla de formular y más difícil de superar:
demostrar qué país puede construir cuando ya no tiene a quién más culpar.
