La interna del oficialismo en Asunción suma nuevos focos de tensión, no solo por la diferencia en recursos, sino también por el deterioro del respaldo territorial. Presidentes de seccionales afines al sector de Camilo Pérez reconocen que enfrentan una campaña limitada, con escasa capacidad de movilización y creciente fuga de dirigentes.
“Esta es la campaña más pobre que estamos haciendo”, admitió uno de los referentes, al detallar que el financiamiento ronda los G. 2.500.000 semanales, tras gestiones con dirigentes como Raúl Latorre y Turi Capello, mas el candidato Camilo Perez. El monto, aseguran, resulta insuficiente para sostener estructura política, actividades y presencia territorial.
En contrapartida, sectores vinculados a Arnaldo Samaniego manejarían cifras significativamente mayores: hasta G. 20 millones por semana para candidatos a concejales, además de pagos por actividades y provisión de materiales sin limitaciones. Esta diferencia impacta directamente en la dinámica interna, generando migración de dirigentes intermedios hacia el sector con mayor respaldo económico.
El clima en las bases se resume en una frase que, según los propios dirigentes, ya se instaló: “cada uno para sí, y Dios para todos”. En ese contexto, varios concejales priorizan sus propios recursos y estructuras, enfocándose exclusivamente en asegurar sus votos, sin una estrategia colectiva que fortalezca al candidato del oficialismo.
“Camilo no tiene votos, más allá de su entorno cercano; no cuenta con una base partidaria como la de un concejal que además es presidente de seccional”, ejemplificaron desde el territorio, marcando la diferencia entre estructura real y candidatura.
A esto se suma otro elemento: la desconexión entre la dirigencia de cúpula y las bases. “Las reuniones de la élite ya no tienen peso en el territorio. Acá manda el que junta votos, y esos están enojados”, señalaron. La falta de articulación política se traduce en un escenario donde cada sector opera por cuenta propia, debilitando aún más al oficialismo.
En medio de este panorama, la ausencia de una señal clara por parte del presidente Santiago Peña es uno de los puntos más cuestionados. Dirigentes consideran que el Ejecutivo no logró ordenar ni equilibrar la interna, dejando a su propio candidato sin respaldo suficiente.
El diagnóstico en las bases es contundente: “con medio motor no se llega”. La frase sintetiza una campaña sin cohesión, con recursos desiguales y sin conducción política efectiva, en un momento clave para el oficialismo en la capital.
