La interna colorada en Asunción se perfila como una de las más ajustadas de los últimos años. Con cinco listas de concejales —cada una con 24 candidaturas— y un sistema de arrastre que fragmenta el voto, el escenario proyecta una dispersión importante: candidatos que podrían moverse entre 300 y 7.000 votos individuales, pero cuya sumatoria empuja el total partidario hacia una base que ronda los 120.000 votos, tomando como referencia la última elección municipal.
En ese contexto, el antecedente de Óscar Nenecho Rodríguez —quien alcanzó unos 123.000 votos en 2021— funciona como techo histórico. Sin embargo, las internas no suelen replicar esos números. En 2015 y 2021, los ganadores colorados de internas se ubicaron cerca de los 48.000 votos, lo que permite proyectar hoy un escenario más moderado y competitivo.
Bajo esa lógica, el candidato que se imponga podría moverse entre 55.000 y 65.000 votos, mientras que el segundo quedaría en una franja de 40.000 a 48.000. La diferencia, en consecuencia, sería corta: entre 3.000 y 7.000 votos, e incluso menor si inciden factores como los votos en blanco y nulos, que pueden adquirir peso ante la particular configuración de listas (candidatos a intendente sin lista completa de concejales y viceversa).
En la disputa aparecen dos perfiles marcadamente distintos. Por un lado, Camilo Pérez, con respaldo de la estructura partidaria y del aparato estatal. En términos organizativos, ese soporte debería inclinar la balanza a su favor. Sin embargo, ese mismo andamiaje puede jugar en contra, en un contexto donde el desgaste del gobierno municipal y la imagen del presidente Santiago Peña inciden en el humor electoral.
En la otra vereda, Arnaldo Samaniego apuesta a la experiencia y al reconocimiento de nombre. Su candidatura busca capitalizar ese activo, aunque también carga con cuestionamientos por el cierre de su gestión, marcada por deudas, pese a haber contado con recursos adicionales derivados de la Ley de Capitalidad durante el gobierno de Fernando Lugo.
A este tablero ya fragmentado se suma un factor clave: la traición interna y los votos cruzados. En una elección donde el margen será mínimo, las fugas dentro del propio oficialismo pueden ser determinantes. Sectores que formalmente responden a una candidatura podrían terminar jugando en contra en la práctica, ya sea por disputas locales, acuerdos subterráneos o simples pases de factura políticos.
Así, la interna colorada en Asunción no solo enfrenta estructura contra trayectoria, sino también lealtad contra cálculo político. Con números ajustados y márgenes estrechos, el desenlace dependerá menos de la lógica matemática y más de quién logre controlar —o sobrevivir— a las traiciones dentro de su propio equipo. Una interna que, más allá del resultado, empieza a perfilar el futuro político del oficialismo.
