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Dom 06 septiembre 2026

¿EDUCACIÓN O ADOCTRINAMIENTO?

El libro de cuarto grado distribuido por el MEC reduce la educación sexual a una visión centrada en el matrimonio entre un hombre y una mujer. Mientras enseña a los niños conceptos como “amor conyugal” y “entrega para siempre”, las páginas analizadas no ofrecen información concreta sobre prevención del abuso, consentimiento, infecciones de transmisión sexual ni embarazos no planificados.

¿Qué se está enseñando realmente en las escuelas paraguayas? ¿Se está preparando a los niños para enfrentar la realidad o se pretende imponerles una única visión sobre el amor, la familia y la sexualidad?

Las fotografías del Libro 4 de “Educación de la Afectividad y la Sexualidad en la Escuela”, distribuido dentro del programa Ñe’ẽry y presentado con los logotipos del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) e Itaipú Binacional, abren serios cuestionamientos sobre el contenido que reciben los alumnos.

En el capítulo dedicado a las relaciones interpersonales, el material define el matrimonio como la unión “estable y libre de un hombre y una mujer para siempre, con el fin de formar una familia”. También señala que las relaciones sexuales representan la entrega total “del cuerpo y el alma de él a ella, y viceversa”, porque los cuerpos del hombre y la mujer serían complementarios.

El libro sostiene además que las relaciones sexuales son “solo para el matrimonio” y pide a los estudiantes responder preguntas como: “¿Qué es el amor conyugal?”, “¿Por qué es importante el matrimonio?” y “¿Qué se entrega en el matrimonio?”. Finalmente, les solicita escribir lo que piensan sobre el amor y el matrimonio.

El problema no está en enseñar valores, compromiso o responsabilidad. El problema aparece cuando un material oficial presenta una determinada concepción moral como si fuera la única respuesta posible y ocupa con ella el espacio que debería corresponder a información científica, preventiva y adecuada para cada edad.

En las páginas examinadas no se explica cómo reconocer comportamientos inapropiados de un adulto, cómo identificar una situación de abuso, qué significa el consentimiento, a quién pedir ayuda ni cómo proteger la intimidad corporal. Tampoco aparecen explicaciones concretas sobre infecciones de transmisión sexual o prevención de embarazos.

No puede concluirse, únicamente a partir de estas fotografías, que esos asuntos estén ausentes de todos los libros o grados del programa. Sin embargo, resulta legítimo preguntar por qué una lección destinada a abordar las relaciones sexuales dedica su contenido al matrimonio y a la entrega “para siempre”, pero no incorpora en esas mismas páginas herramientas prácticas de protección.

La discusión se vuelve todavía más grave frente a la realidad paraguaya. El Ministerio Público informó que, entre 2015 y mayo de 2026, atendió a 34.001 víctimas de abuso sexual infantil. Además, UNICEF señala que aproximadamente el 80% de los abusos contra niños y adolescentes ocurre dentro del entorno familiar. Es decir, limitarse a mandar al alumno a “contestar con su familia” tampoco puede reemplazar la responsabilidad protectora de la escuela. Ministerio Público, UNICEF

Según declaraciones atribuidas al ministro Luis Ramírez, el material llegó a más de 1,1 millones de estudiantes en el marco de una distribución nacional de textos escolares. El programa fue elaborado por Editorial Verus y aprobado por el MEC. La editorial afirma que busca prevenir relaciones sexuales inseguras, embarazos no deseados e infecciones; esa finalidad, sin embargo, debe reflejarse de forma clara, comprobable y científicamente rigurosa en los contenidos que reciben los alumnos. Información sobre la distribución y postura del MEC, descripción del programa EASE

Paraguay no necesita elegir entre valores y conocimiento. Necesita una educación capaz de enseñar respeto, afectividad y responsabilidad, pero también prevención del abuso, consentimiento, cuidado del cuerpo, enfermedades y mecanismos seguros para pedir ayuda.

El MEC debe explicar quiénes evaluaron estos libros, qué evidencia científica respalda su enfoque y por qué un material de educación sexual parece preocupado por enseñar a niños de cuarto grado a “encarar el matrimonio para siempre”, mientras deja sin respuesta, al menos en las páginas observadas, los peligros concretos que enfrentan hoy.

Una escuela que oculta la realidad no protege a la niñez. Y cuando el Estado reemplaza conocimiento por una visión moral única, la pregunta deja de ser incómoda y pasa a ser inevitable: ¿esto es educación o adoctrinamiento?

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