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Mié 08 julio 2026

Meter la pata, pedir disculpas y seguir como si nada

Luis Bareiro pidió disculpas tras sus dichos sobre Humberto Rubín, pero el caso vuelve a abrir una discusión de fondo: ¿hasta dónde llega la libertad de expresión y cuándo una opinión cruza la línea de la descalificación? Meter la pata y pedir disculpas al día siguiente se volvió una rutina peligrosa en la comunicación pública.

El caso de las declaraciones de Luis Bareiro volvió a instalar una pregunta incómoda dentro del periodismo, la opinión pública y el debate social: ¿hasta dónde llega la libertad de expresión, dónde empieza la libertad de prensa y en qué momento una expresión cruza la línea hacia la descalificación o la discriminación?

Durante su programa, Bareiro recordó el uso del apodo “muñequita” en su contra y, al referirse al fallecido periodista Humberto Rubín, utilizó una frase ofensiva que generó una fuerte reacción de sus hijos, Pelusa Rubín y Leo Rubín, quienes manifestaron su indignación por lo dicho. La polémica no tardó en instalarse y, como ya parece costumbre, al día siguiente llegó la aclaración.

Bareiro sostuvo que sus palabras fueron sacadas de contexto y explicó que no buscó atacar la figura de Humberto Rubín, a quien reconoció como uno de los periodistas más importantes de la historia del país. Según su descargo, se refería a una actitud puntual vinculada al uso reiterado de un apodo que, con el tiempo, dejó de resultarle simpático y pasó a formar parte de una forma de burla o menosprecio.

El problema de fondo, sin embargo, va más allá de una frase desafortunada. Lo preocupante es la rutina que se viene instalando en la comunicación pública: se dice cualquier cosa, se agrede, se hiere, se descalifica, y al día siguiente se pide disculpas o se habla de “contexto”. Como si eso alcanzara para borrar el impacto de lo dicho.

La libertad de expresión no puede convertirse en un salvoconducto para decir cualquier cosa sin medir consecuencias. La libertad de prensa tampoco puede ser utilizada como escudo para justificar expresiones que rozan la ofensa personal o que reproducen formas de discriminación. Opinar es un derecho, criticar es parte del oficio periodístico, pero degradar a una persona, viva o fallecida, abre otro debate.

También es cierto que el propio caso expone una contradicción. Bareiro habló de discriminación, de bullying y de cómo ciertos motes pueden ser utilizados para disminuir a una persona por características personales. Pero en ese mismo contexto terminó recurriendo a una expresión que hirió a una familia y reabrió una discusión sobre los límites del lenguaje público.

Ahí aparece la pregunta central: ¿quién define cuándo una frase es una crítica, cuándo es una opinión dura y cuándo pasa a ser una agresión? En tiempos donde todo queda grabado, recortado y viralizado, los comunicadores tienen una responsabilidad mayor. No basta con decir después que “se entendió mal” o que “se sacó de contexto”. Quien comunica en un medio masivo sabe que sus palabras pesan.

Lo más grave es que este mecanismo se volvió casi automático. Primero se mete la pata. Después se mide el costo. Luego vienen las disculpas, las aclaraciones y el intento de cerrar el tema. Pero el daño ya está hecho. La disculpa puede ser necesaria, pero no siempre es suficiente.

La discusión no debería reducirse solamente a Luis Bareiro, Humberto Rubín o la reacción de sus hijos. El debate real es más amplio: la sociedad paraguaya necesita revisar cómo se ejerce la opinión pública, cómo se usa el poder de los micrófonos y qué responsabilidad tienen quienes todos los días forman criterio desde los medios.

Porque la libertad de expresión no está en discusión. Lo que está en discusión es el uso responsable de esa libertad. Y la libertad de prensa no puede ser una licencia para lastimar, del mismo modo que la lucha contra la discriminación no puede invocarse solo cuando conviene.

En definitiva, todos pueden equivocarse. Pero cuando el error se vuelve costumbre y la disculpa se vuelve estrategia, el problema ya no es una frase aislada: es una forma de comunicar.

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