La administración de Arnaldo Samaniego al frente de la Municipalidad de Asunción sigue arrastrando uno de los capítulos más cuestionados de la gestión comunal: el presunto despilfarro de más de G. 28.922 millones, monto que, según una auditoría forense, no contaba con documentos respaldatorios claros o correspondía a transferencias que nunca habrían llegado a la Caja Municipal.
Durante aquel periodo, correspondiente a los años 2014 y 2015, surgieron serias dudas sobre el destino de recursos descontados a funcionarios municipales, pero que, según las observaciones realizadas en su momento, no fueron debidamente transferidos a la institución correspondiente.
El entonces concejal Carlos Arregui había solicitado la intervención de la Contraloría General de la República para rastrear el destino de ese dinero y determinar responsabilidades. Su pedido fue aprobado por la Junta Municipal, en medio de fuertes cuestionamientos a la administración de Samaniego.
De acuerdo con los datos expuestos, el dinero observado formaba parte de pérdidas atribuidas a conductas negligentes. A esto se sumaba el aumento del pasivo total de la Comuna, que al cierre de 2015 registraba una deuda cercana a los G. 64.000 millones, dejando a la Municipalidad en una situación financiera comprometida.
Arregui había advertido entonces que, con ese nivel de endeudamiento, ni utilizando todo el activo disponible se podían cubrir las obligaciones de la institución, lo que reflejaba el grave deterioro financiero heredado por la administración siguiente.
A pesar de estos antecedentes, Samaniego vuelve hoy, en pleno 2026, a postularse para la Intendencia Municipal de Asunción, presentándose con el discurso de haber sido “el mejor intendente” de la capital. Sin embargo, su anterior administración aún carga con interrogantes que nunca fueron respondidos de manera contundente.
El contraste es inevitable: mientras el exintendente intenta instalar una narrativa de buena gestión, los antecedentes de su paso por la Comuna recuerdan un periodo marcado por denuncias de desorden administrativo, dudas sobre el manejo de fondos públicos y un fuerte deterioro financiero.
Pese a los años transcurridos, el caso nunca terminó de cerrarse políticamente. La era Samaniego quedó marcada por cuestionamientos sobre el destino de recursos municipales y por una deuda que golpeó directamente a la estructura financiera de la capital.
En Asunción, el capítulo del despilfarro bajo la gestión de Arnaldo Samaniego nunca tuvo un cierre claro. Y en medio de una nueva candidatura, la pregunta vuelve a tomar fuerza: ¿cómo puede presentarse como “el mejor intendente” quien dejó tantas dudas sobre el manejo del dinero público?
