Mientras la dirigencia colorada en Ñemby se revuelca buscando a quién poner de candidato para retener la intendencia, la “solución” que el cartismo pone sobre la mesa es Tomás Olmedo, el actual intendente que hoy es más conocido por sus escándalos que por su gestión.
Olmedo no solo enfrenta múltiples denuncias por supuestas irregularidades administrativas —obras fantasmas, contratos direccionados, uso político de recursos públicos— sino que sobre su espalda pesa algo mucho más grave: estaría a un paso de ser imputado por un caso de abuso sexual en menores, según fuentes del entorno judicial. Un caso que se arrastra entre chicanas y presiones, pero que tarde o temprano podría sentarlo en el banquillo de los acusados.
Aun así, Honor Colorado decidió desempolvarlo como su “preferido”. El argumento es simple: tiene estructura territorial, controla seccionales y su lealtad al oficialismo es inquebrantable. Poco importa que la ciudadanía de Ñemby esté harta de la vieja política y de intendentes que manejan la municipalidad como un negocio familiar.
La concejal Gianina Ramírez no logró prender en las bases, su gestión es casi invisible y ser mujer, en una rosca dominada por caudillos y pactos de varones, le juega en contra. Por eso Olmedo vuelve a escena como la carta de siempre: la del clientelismo, la rosca y la promesa de mover votos con la chequera municipal.
Pero Ñemby ya no es la misma. Las calles reclaman cambios reales mientras los liberales y la oposición olfatean la oportunidad de recuperar la intendencia. Si los colorados insisten en blindar a un intendente cuestionado, con una posible imputación por delitos aberrantes, pueden terminar de cavar su propia tumba electoral.
¿Hasta cuándo Ñemby aguantará la “lealtad” que encubre impunidad? La interna apenas empieza, pero la pregunta ya resuena en cada barrio: ¿seguirá Tomás Olmedo siendo el “preferido” o será el escándalo que le estalle en la cara al cartismo?
