La carrera presidencial del 2028 ya comenzó a provocar fuertes movimientos dentro del Congreso y a profundizar las diferencias internas en Honor Colorado. En el centro de la disputa aparece el presidente del Congreso, Basilio “Bachi” Núñez, quien observa cómo Raúl Latorre gana protagonismo dentro del oficialismo tras la victoria de Camilo Pérez en las internas coloradas de Asunción.
El triunfo de Pérez no solamente definió la candidatura colorada para la Intendencia capitalina. También fortaleció políticamente a Latorre, considerado uno de los principales articuladores de su campaña y uno de los nombres que aspiran a integrar la futura chapa presidencial encabezada por Pedro Alliana.
Este crecimiento incomodaría al sector liderado por Bachi Núñez, que ya expresó públicamente su respaldo al ministro de Urbanismo, Vivienda y Hábitat, Juan Carlos Baruja, para ocupar la candidatura a vicepresidente en el 2028. En abril, Núñez y otros senadores oficialistas llevaron hasta Horacio Cartes la propuesta de Baruja, respaldo que posteriormente fue ratificado por la bancada cartista del Senado.
Sin embargo, la candidatura de Baruja está lejos de quedar cerrada. Latorre continúa moviéndose dentro del oficialismo y evita reconocer que la dupla Alliana-Baruja ya esté definida. Incluso, el pasado 29 de junio recibió a Alliana en su residencia, en un encuentro que oficialmente fue presentado como una conversación sobre la agenda legislativa y las elecciones municipales, pero que volvió a instalar las versiones sobre una posible fórmula Alliana-Latorre.
Aunque Bachi intenta mostrarse públicamente como un dirigente que busca la unidad del cartismo, dentro del movimiento señalan que su prioridad sería cerrar el paso a Latorre y asegurar la nominación de Baruja. La disputa ya no sería solamente por acompañar a Alliana, sino también por controlar espacios de poder dentro del Congreso y posicionarse ante una eventual reorganización de Honor Colorado.
A esta tensión se suma la actuación atribuida al equipo político de Núñez durante las últimas internas de Asunción. Según versiones provenientes del propio oficialismo, varios dirigentes cercanos a Bachi —entre ellos funcionarios, directores de instituciones públicas y concejales— habrían trabajado con mayor cercanía por la precandidatura de Arnaldo Samaniego, adversario de Camilo Pérez.
También se habla de una operación para promover el denominado “voto cruzado”: apoyar a candidatos oficialistas para la Junta Municipal, pero votar por Samaniego para la Intendencia. Estas acusaciones no fueron confirmadas documentalmente y son negadas públicamente por el entorno de Núñez, pero continúan circulando con fuerza entre dirigentes colorados.
La derrota de Samaniego y la victoria de Camilo Pérez terminaron debilitando esa estrategia y dejando mejor posicionado a Latorre. Mientras el presidente de Diputados puede exhibir un resultado electoral concreto, los candidatos identificados con el entorno de Bachi no consiguieron el mismo rendimiento político.
El presidente del Congreso enfrenta ahora una situación incómoda: cuanto más intenta imponer a Baruja como compañero de fórmula de Alliana, mayor resistencia genera entre los demás sectores del cartismo. Su supuesto discurso de unidad comienza a quedar en entredicho frente a las operaciones internas, los vetos y la abierta disputa por controlar una chapa que todavía ni siquiera fue oficializada.
Bachi Núñez podrá negar la existencia de una pelea, pero los movimientos de su bancada, el respaldo anticipado a Baruja y la ofensiva contra el crecimiento de Latorre muestran otra realidad. En Honor Colorado, la unidad se proclama ante las cámaras, mientras por detrás ya comenzó una guerra por el poder del 2028.
