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Mié 16 septiembre 2026

CARTES: ¿GRAN ELECTOR O EL ABUELO AL QUE YA NADIE OBEDECE?

El expresidente impuso a Santiago Peña y pretende repetir la fórmula con la dupla Alliana-Baruja. Sin embargo, esta vez aparecieron gobernadores, legisladores y hasta sus propios candidatos dispuestos a discutir sus órdenes. ¿Sigue siendo el jefe absoluto de Honor Colorado o comienza a parecerse al Stroessner de los últimos días, que ordenaba, pero ya no todos obedecían?

Horacio Cartes anunció que Juan Carlos Baruja será el candidato a vicepresidente de Pedro Alliana para las elecciones generales de 2028. Lo hizo como siempre administró Honor Colorado: comunicando una decisión ya tomada y esperando que el resto se limite a cumplirla.

Pero esta vez algo cambió.

Pedro Alliana respondió públicamente que será él quien anuncie a su compañero de fórmula después de las elecciones municipales del 4 de octubre y advirtió que no declinará de esa posición. Horas después, quince gobernadores colorados se reunieron con Santiago Peña y el propio Alliana para cuestionar la manera en que Cartes adelantó la candidatura de Baruja.

El episodio dejó de ser una simple discusión sobre quién acompañará la chapa presidencial. Se convirtió en una disputa por saber quién conserva el poder real dentro de Honor Colorado.

¿Es el mismo Cartes que impuso a Peña?

Cartes ya demostró que podía colocar candidatos, ordenar estructuras y convertir a una figura sin territorio electoral propio en presidente de la República. Santiago Peña llegó al Palacio de López sostenido por la maquinaria de Honor Colorado, el dinero, los intendentes, los gobernadores y la estructura partidaria conducida por el expresidente.

Por eso, cuando Cartes habla, todos recuerdan que fue él quien impuso a Peña.

La diferencia es que aquel Cartes podía ordenar sin encontrar resistencia pública. El Cartes de hoy anuncia una fórmula presidencial y recibe una respuesta inmediata de su propio candidato, el cuestionamiento de los gobernadores y el silencio incómodo de varios legisladores.

La pregunta, entonces, resulta inevitable: ¿estamos ante el mismo Horacio Cartes que impuso a Santiago Peña o ante una figura que comienza a parecerse al Alfredo Stroessner de sus últimos días, cuando todavía daba órdenes, pero ya no todos estaban dispuestos a obedecerlas?

No se trata de comparar ambos periodos políticos ni sus características históricas. La comparación apunta exclusivamente al desgaste del mando: al momento en que un líder conserva formalmente el poder, pero empieza a descubrir que sus subordinados ya realizan cálculos propios.

Hasta Bachi reconoce las grietas

El presidente del Congreso, Basilio “Bachi” Núñez, uno de los dirigentes más leales a Cartes, terminó reconociendo que existen “grietas” dentro de Honor Colorado.

La expresión no es menor. Cuando un referente del núcleo duro admite fisuras, significa que la interna ya es demasiado evidente como para seguir negándola.

Hasta hace poco, cualquier diferencia dentro del cartismo era presentada como una invención de la oposición o de los medios de comunicación. Ahora, las discrepancias se manifiestan públicamente: Cartes anuncia, Alliana lo contradice, los gobernadores reclaman y Santiago Peña recibe en Mburuvicha Róga a quienes cuestionaron la decisión del líder.

No parece una expresión de unidad. Parece una puja abierta por el control de la sucesión presidencial.

Peña también quiere tener la lapicera

Santiago Peña sabe que fue Cartes quien lo llevó al poder, pero también entiende que actualmente es él quien tiene la lapicera del Estado: administra el presupuesto, controla los nombramientos, negocia con gobernadores, dispone de cargos y dirige —al menos formalmente— el Poder Ejecutivo.

Desde ese lugar, Peña comenzó a construir un espacio propio y a buscar mayor influencia sobre la definición de la chapa para 2028. En el oficialismo circulan versiones sobre su interés en promover otra figura para la Vicepresidencia o, por lo menos, impedir que Cartes resuelva toda la candidatura sin consultarlo.

No existe todavía una candidatura alternativa oficial presentada por Peña, pero los movimientos políticos son evidentes. Su cercanía con los gobernadores y la reunión realizada inmediatamente después del anuncio de Cartes muestran que el mandatario no pretende observar pasivamente cómo se decide el futuro del movimiento.

Peña tiene la lapicera del Gobierno. Cartes conserva la conducción partidaria y el liderazgo de Honor Colorado. Entre ambos aparece una disputa silenciosa, pero cada vez menos disimulada, por demostrar quién posee el poder verdadero.

Uno prestó la estructura para llegar al Palacio. El otro ahora controla el Palacio y los recursos del Estado. La pregunta es cuál de los dos conseguirá imponer finalmente su voluntad.

Baruja nunca fue candidato de todos

Juan Carlos Baruja siempre fue el candidato de Cartes, pero nunca logró transformarse en el candidato de todos los diputados, senadores, gobernadores e intendentes de Honor Colorado.

Una parte importante del oficialismo nunca terminó de aceptar su nombre. No solamente por una cuestión territorial —Baruja proviene de Paraguarí y Alliana de Ñeembucú, dejando a la capital sin una representación fuerte en la chapa—, sino por el historial de cuestionamientos que acompaña al actual ministro.

Baruja fue intendente de Paraguarí, ministro de Agricultura, gobernador y actualmente dirige el Ministerio de Urbanismo, Vivienda y Hábitat. Su extensa trayectoria debería ser su principal carta de presentación, pero también permite revisar qué ocurrió en cada institución que administró.

En el MUVH quedó seriamente golpeado por la adjudicación de departamentos al senador Javier “Chaqueñito” Vera y a familiares de la senadora Zenaida Delgado. Legisladores de distintas bancadas cuestionaron un posible favoritismo y hablaron de un presunto tráfico de influencias. Chaqueñito terminó renunciando al inmueble, aunque Baruja defendió que el programa estaba dirigido a trabajadores con ingresos formales y que el proceso se ajustó a las normas. ABC Color

El escándalo casi le costó el cargo. Si Chaqueñito no renunciaba al departamento, la permanencia de Baruja en el Ministerio habría sido todavía más difícil de sostener.

La discusión tampoco terminó con aquella renuncia. Durante su comparecencia ante el Congreso se presentaron otras denuncias sobre presuntas irregularidades en adjudicaciones y programas del MUVH. Las acusaciones no representan una condena y deben investigarse, pero constituyen un antecedente político que no puede borrarse por decisión de Cartes. ABC Color

A esto se suman los cuestionamientos que arrastra desde su administración en el Ministerio de Agricultura, principalmente por proyectos destinados a familias campesinas y obras cuya calidad fue puesta en duda. Baruja puede deslindar responsabilidades, pero no puede pedir que su historial administrativo desaparezca justo cuando pretende quedar a un paso de la Presidencia.

La sombra que acompaña su candidatura no surge solamente de la oposición. También incomoda dentro de Honor Colorado, donde algunos dirigentes temen que una fórmula cargada de cuestionamientos termine comprometiendo la continuidad del movimiento en el poder.

Alliana tampoco representa renovación

Pedro Alliana fue gobernador de Ñeembucú, diputado, presidente de la Cámara Baja, titular de la ANR y actualmente vicepresidente de la República. No es una figura nueva ni ajena al sistema que promete continuar.

Su carrera política estuvo siempre vinculada al liderazgo de Cartes. Sin embargo, ahora que pretende convertirse en candidato presidencial, intenta demostrar que puede tomar decisiones propias. Su respuesta al anuncio de Baruja fue, hasta el momento, el desafío público más directo que realizó contra una determinación de su líder.

Pero Alliana también llega desgastado.

Su figura quedó marcada por los cuestionamientos sobre la presencia de familiares en instituciones públicas. Su hija Montserrat Alliana fue señalada como uno de los casos emblemáticos de los llamados “nepobabies”, mientras su esposa, Fabiana Souto, ocupa una banca en Diputados. Alliana negó haber gestionado nombramientos y rechazó que exista un clan familiar, pero esas explicaciones no eliminaron el costo político. ABC Color

También existen publicaciones sobre el crecimiento de su patrimonio declarado y los cargos ocupados por personas de su entorno. Estos señalamientos requieren respuestas documentadas, especialmente de alguien que pretende gobernar el país. ABC Color

Alliana deberá cargar, además, con el país que deje Santiago Peña: conflictos sociales, reclamos salariales, un sistema sanitario en crisis y una ciudadanía cada vez más desconfiada de la clase política. Aunque haya tenido momentos de mayor protagonismo que el propio presidente, continúa siendo parte central del mismo Gobierno.

Una fórmula nacida de la imposición

Cartes puede terminar imponiendo a Baruja. Todavía conserva el control de la ANR, influencia sobre las bancadas y una estructura capaz de disciplinar a numerosos dirigentes.

Pero imponer ya no significa convencer.

Los gobernadores conocen el interior y saben qué nombres generan aceptación o rechazo. Los intendentes deben poner la cara ante los electores. Los legisladores hacen sus propios cálculos. Peña intenta construir poder con la lapicera del Ejecutivo y Alliana comienza a reclamar autoridad sobre su propia candidatura.

Por primera vez, Cartes no enfrenta una resistencia proveniente solamente de la oposición. La discusión está dentro de su movimiento y entre dirigentes que hasta ayer cumplían sus órdenes sin discutirlas públicamente.

La dupla Alliana-Baruja podría finalmente ser confirmada. Sin embargo, si avanza únicamente por la voluntad de Cartes, llegará al 2028 con una fractura de origen, cuestionamientos acumulados y dirigentes obligados a defender una fórmula que nunca eligieron.

La cuestión de fondo ya no es si Cartes quiere a Baruja. Eso está claro. La verdadera pregunta es si todavía cuenta con el poder suficiente para imponerlo sin provocar una rebelión interna.

¿Horacio Cartes seguirá siendo el gran elector que puso a Santiago Peña en el Palacio de López o está comenzando a quedar como el abuelo que opina, ordena y descubre que ya nadie le responde?

Porque cuando hasta los leales reconocen las grietas, el problema ya no es solamente quién integrará la chapa. El problema es quién manda realmente en Honor Colorado.

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