La crisis de credibilidad de la Policía Nacional vuelve a quedar expuesta con el caso de los hermanos Bonifacio y Miguel Britos, suboficiales que habían sido detenidos en Brasil mientras escoltaban una carga de 477 panes de marihuana.
Tras permanecer siete meses presos en el vecino país, ambos regresaron a Paraguay y, lejos de ser apartados, fueron reincorporados sin inconvenientes a sus funciones. Este hecho desnuda la presunta complicidad de jefes y superiores dentro de la institución.
De acuerdo con las investigaciones, los uniformados no cumplían labores policiales, sino que se dedicaban al narcotráfico y asaltos, manteniéndose en la fuerza gracias al pago de una supuesta “cuota de impunidad”.
La polémica reincorporación fue avalada por el comandante Carlos Benítez y el ministro del Interior Enrique Riera, quienes, pese al antecedente, insisten en que trabajan para sanear la Policía Nacional.
Mientras tanto, la ciudadanía observa con indignación cómo la impunidad se fortalece dentro de la institución, con agentes que, aun con uniforme y salario del Estado, siguen ligados al crimen organizado.
