El presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Latorre, vuelve a quedar en el centro de cuestionamientos políticos tras ser señalado como el principal articulador —y operador— de la candidatura de Camilo Pérez López Moreira a la Intendencia de Asunción.
Según versiones coincidentes dentro del oficialismo, las oficinas de la Presidencia de la Cámara se habrían convertido en una suerte de “puesto de comando” del movimiento, donde desfilan candidatos y operadores políticos en plena jornada laboral, mientras la institución enfrenta debates y desafíos legislativos pendientes.
La preocupación interna no sería menor: el candidato no logra despegar en las encuestas y tampoco define con claridad si asumirá plenamente la campaña o si priorizará su rol institucional en el ámbito deportivo. “No podemos acordar con Camilo una agenda real… hasta el presidente nos pidió que pongamos toda la carne al asador, pero si el candidato no se pone la pila, no lo vamos a lograr”, habría señalado uno de los visitantes frecuentes al despacho de Latorre.
El trasfondo político
Dentro del oficialismo recuerdan que la postulación de Pérez surgió tras desplazar del escenario al actual titular de la ESSAP, Luis Fernando Bernal, quien fue el concejal más votado en Asunción en las últimas municipales. Fuentes partidarias atribuyen la maniobra a diferencias políticas y rivalidades internas que terminaron abriendo paso a una candidatura alternativa impulsada directamente por Latorre, señalado incluso como el “creador” político de Pérez.
Mientras tanto, seccionaleros con cargos públicos reciben reclamos ciudadanos en sus oficinas, en un contexto donde servicios básicos y gestiones municipales siguen acumulando demandas. Sin embargo, puertas adentro, la prioridad sería otra: salvar la candidatura y ordenar la lista de concejales antes del cierre definitivo.
¿Institución o comando partidario?
La crítica más fuerte apunta al uso político de la Cámara de Diputados como plataforma operativa del movimiento oficialista. No es la primera vez que a Latorre se le atribuye esa práctica, pero el nivel de exposición actual eleva el costo político.
Lo cierto es que, mientras se definen candidaturas y se ajustan estrategias, la línea entre gestión institucional y campaña partidaria vuelve a desdibujarse.
Y en el oficialismo ya lo admiten en voz baja: si el candidato no reacciona, ni toda la estructura podrá sostenerlo.

